lunes, 28 de abril de 2014

DIEGO RIVERA, EL GRAN MURALISTA MEXICANO

Nació en Guanajuato el 8 de diciembre de 1886 y fue educado en la Academia de Bellas Artes de San Carlos, en la ciudad de México. Entre 1907 y 1921 estudió pintura en Europa, principalmente en España y Francia, familiarizándose con las innovadoras formas cubistas de Pablo Picasso, el impresionismo de Renoir, la composición de Cézanne y otros artistas de la época.

En 1921, Rivera regresó a México, donde representó un papel determinante en el renacimiento de la pintura mural iniciado por otros artistas y patrocinado por el gobierno. Se dedicó a pintar grandes frescos, sobre la historia y los problemas sociales de su país, en los techos y paredes de edificios públicos, ya que consideraba que el arte debía servir a la clase trabajadora y estar fácilmente disponible o a su alcance.

Entre 1923 y 1926 realizó los murales al fresco de la Secretaría de Educación en la ciudad de México, pero su obra maestra es La tierra fecunda (1927) para la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo, donde representa el desarrollo biológico del hombre y su conquista de la naturaleza. Diego Rivera pintó murales en el Palacio de Cortés, en Cuernavaca (1930) y en la Secretaría de Salubridad.

En 1929 se casó con Frida Kahlo, considerada una representante insigne de la pintura introspectiva mexicana del siglo XX. Fue uno de los fundadores del Partido Comunista Mexicano. Su fama lo llevó a exponer y trabajar en Estados Unidos, su obra allí incluye un mural (1932-1933) para el Instituto de Bellas Artes de Detroit y un fresco, Hombre en la encrucijada (1933), encargado para el nuevo edificio de la RCA en el Rockefeller Center de Nueva York, y destruido poco después de su realización porque contenía, al parecer, un retrato del líder soviético Lenin.

Un año después, Rivera lo reprodujo para el Palacio de Bellas Artes de México. En 1935 concluyó uno de sus proyectos más ambiciosos, los frescos para la escalera monumental del Palacio Nacional de la ciudad de México, con su propia interpretación de la historia de su país, desde los tiempos precolombinos hasta la actualidad.

En la década de 1940 pintó dos grandes murales en el Instituto Nacional de Cardiología (1944), y otro gran mural para el Hotel del Prado, Sueño de la Alameda (1947), de tema histórico-crítico. Sus últimas obras las realizó en mosaico de piedras naturales, como las del Estadio de la ciudad universitaria de México o el del Teatro Insurgentes, ambas en el exterior.
Diego Rivera fue también prolífico en su obra de caballete, con una visión muy alegre y también sensual del folclore de su país. Dibujante magistral y estupendo colorista, demostró un gran talento para estructurar sus obras. Legó a México una importante colección de estatuillas de diversas culturas indígenas, que instaló en su casa museo, el Anahuacalli, en la ciudad de México.

Como él mismo dijo, condensando el sentido de su obra, su propósito era ligar un gran pasado con lo que queremos que sea un gran futuro de México. Murió el 24 de noviembre de 1957 en la ciudad de México.


América Prehispánica, 1950, Oleo sobre lienzo, Colección
Licio Lagos, México


Festival de 
Las Flores 
1925
Óleo sobre lienzo
County Museum 
of Art 
Los Angeles

Frida Kahlo y Diego Rivera



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